¿Vale la pena salvar Tocopilla?

Es una cosa de lógica. Es el municipio quien establece las reglas del juego con el Plan Regulador, medical
por lo que si las inmobiliarias construyen en base a dicha legislación, el responsable de los eventuales menoscabos (como obstrucciones a la vista) no son las firmas.
(escrito en Portalinmobiliario.com, 04-12-2007)

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Según la Ley General de Urbanismo y Construcciones (LGUyC), se entiende por planificación urbana comunal aquella que promueve el desarrollo armónico del territorio comunal, en especial de sus centros poblados, en concordancia con las metas regionales de desarrollo económico –social. Además se sostiene que la planificación urbana comunal se realizará por medio del Plan Regulador comunal.

La misma normativa establece que el proyecto del Plan Regulador comunal será preparado por la municipalidad respectiva para luego informar de ello a los vecinos y al concejo económico y social comunal. Así, pasado una serie de “filtros”, se promulga por decreto alcaldicio.

Ante esto queda claro que es el municipio quien, a través de su Plan Regulador, establece las reglas del juego respecto, entre otras cosas, a los usos del suelo, la altura, las dimensiones de las construcciones y las densidades de habitantes en los distintos lugares del territorio comunal.

Por ello, una vez más, llama la atención que un alcalde, la máxima autoridad de una comuna, critique el accionar de las constructoras e inmobiliarias por sus obras, cuando ellas se encuentran dentro de la normativa y legislación vigente.

Una vez que los inversionistas comienzan a construir con las mismas reglas aprobadas por su municipio, la autoridad comunal los critica públicamente, al parecer no queriendo asumir que es la institución que él dirige, quien lo permite e incentiva.

El último caso es el de un alcalde de una importante comuna costera, quien se quejó amargamente de que las construcciones de edificios estarían obstruyendo la vista a la bahía desde los cerros. ¡Pero si la constructora está edificando de acuerdo a un permiso otorgado por el municipio! La responsabilidad entonces es de quien estableció las reglas del juego y no del que las usó correctamente.

Se suele culpar de todo ello al Plan Regulador donde se han escrito dichas reglas y/o normas regulatorias. Aún más, hay algunos que, basados en estos hechos, estiman que se debería terminar con los planes reguladores. ¡Pero si la culpa es de quien planifica el desarrollo de su comuna, haciendo uso del instrumento, y no del instrumento en sí! Dicho de otro modo, “la culpa es del indio y no de la flecha”.

Haciéndose cargo de las consecuencias

Se pueden prever los resultados que se obtendrán y así se logran evitar los avanzados estados de deterioro urbano y social ¿Cómo? Es cosa de planificar el desarrollo de un núcleo urbano considerando los eventuales efectos que la normativa propuesta generará —en lo económico y lo social— y no idealizar los resultados, sin entender el comportamiento del mercado inmobiliario urbano (la conducta de la oferta y demanda, la competencia entre comunas, ciudades y países por atraer inversiones, etc).

Ejemplo de ello son los sectores en que se permite gran densidad de edificios en altura que enfrentan a calles que fueron diseñadas para viviendas unifamiliares, por lo cual se sabe de antemano el caos vehicular que se generará. Es cosa de ver el aumento del parque vehicular.

Como lo he manifestado en otras oportunidades, existe la naturaleza, la que es intervenida por el hombre. Este construye en ella y el resultado es la ciudad. Entonces la ciudad es un producto artificial, diseñado y construido por el hombre. Si el producto no es perfecto o no cumple con los objetivos buscados, la culpa es de quien lo diseñó. La legislación nos ha dado un instrumento o herramienta que nos permite diseñar los espacios que habitamos. Si lo hacemos bien lograremos resultados aceptables.

Talvez el indio debe estudiar (practicar) más o asesorarse adecuadamente antes de usar la flecha, sin dejarse llevar por presiones ni buenas intenciones teóricas, e intentar evaluar los efectos que sus acciones tendrán en el territorio en que se mueve, es decir, como reaccionará el mercado ante los distintos tipos de incentivos o prohibiciones.
El terremoto de Tocopilla nos deja una vez más el sabor amargo de no poder manejar este tipo de fenómenos. Pero, therapy
desde el punto de vista de la ciudad y su desarrollo, online también nos entrega una oportunidad. Siempre, en lo posible, es bueno buscarle el lado positivo a las cosas.
(Escrito en Portalinmobiliario.com, 04-12-2007)

Días atrás, en una reunión de una institución relacionada con la construcción y de la cual soy socio, se comentó la situación de Tocopilla y la oportunidad que representaba para revisar su situación de planificación, desarrollo y diseño urbano, considerando el inmenso daño que se habría producido, de acuerdo a lo informado por los medios de comunicación y fuentes de gobierno. Hubo algunos que estimaban que se debía planificar y diseñar una nueva ciudad, construyéndola en aquellos sectores en los cuales el terreno es más apto para ello, evitando zonas peligrosas y de mecánica de suelo negativa.

Frente a este comentario y otros del mismo tenor se me ocurrió preguntar si valía la pena “salvar” la ciudad de Tocopilla, o era la oportunidad de cuestionarse su existencia. Como era de esperar, mi planteamiento causó sorpresa, pero no dejó a nadie indiferente. ¿Valía la pena salvar la ciudad? Y si no convenía, ¿Qué se podría hacer? Se entiende que la situación no se puede dejar como está.

El Ministerio de Vivienda y Urbanismo nos informaba que se debían demoler prácticamente la mitad de las viviendas de la ciudad y agregaba que se entregarían subsidios a quienes hubieren perdido sus viviendas. Todo era un caos, en especial en la infraestructura hospitalaria, administrativa, gubernamental, etc.

He querido usar el ejemplo de la ciudad de Tocopilla sólo con el fin de hacer un ejercicio teórico que nos permite mirar desde otra óptica la razón de la existencia de una ciudad. Cabe preguntarse, entre otras cosas: ¿De qué vive la ciudad de Tocopilla?, ¿Cuáles son sus ingresos y su fuente laboral?, ¿Qué nivel de cesantía existe?, ¿Cuál es la relación de la juventud, los adultos en edad laboral y los ancianos?, ¿Cuál es el futuro profesional y/o laboral de esos niños y jóvenes?

Debo reconocer que no conozco esos datos. Lo que sí sería interesante es saber si las autoridades responsables de la planificación y desarrollo urbano, así como de la ocupación del territorio, se han hecho alguna vez estas preguntas ante este tipo de “eventos” de la naturaleza.

Este cuestionamiento no es una novedad. Hace más de 1.800 años ya se hacía este análisis. Un ejemplo de ello es el caso de Escipión “El Africano”, general que derrotó a Aníbal (202 A.C.), y que es considerado uno de los grandes estrategas bélicos de la historia. Él devastó totalmente Cartago y repatrió a su población. Pero sabía que para acabar con la ciudad debía destruir su fuente de recursos, por lo que ordenó salar todos los campos que rodeaban a la urbe. Como este general, debemos entender que las ciudades mueren cuando se empobrecen, y ello se da cuando sus pobladores no tienen dinero para mantenerlas.

La riqueza de las ciudades se obtiene primordialmente través de la industria, la minería, la agricultura o la ganadería. Estas actividades producen bienes de capital que se comercializan y así se multiplican las ganancias. Otro camino es por medio del comercio, de la tecnología y del trabajo especializado de sus trabajadores. Como punto de partida para esa planificación urbana, debemos tener en claro como definición básica, qué tipo de ciudad queremos.

Esto es clave para evitar que las urbes mueran. Porque lo hacen. A modo de ejemplo, hemos visto en nuestro país la muerte de varias salitreras. Incluso ahora mismo, hemos sido testigos en la ciudad de Tomé del efecto en la fuerza laboral que tuvo el cierre de una industria, por dejar de ser competitiva.

Es por ello que nace la pregunta ¿vale la pena salvar a Tocopilla? Tratando de improvisar una forma alternativa a la “recuperación” de la ciudad, se me ocurre pensar qué pasaría si el gobierno adquiere las propiedades dañadas, pagándoles el valor a sus propietarios, y además les otorga el subsidio que ha anunciado, dejando que ellos tomen la decisión de comprar allí o trasladarse a otro lugar que les entrega mayor seguridad y futuro a ellos y los suyos. Por ejemplo, muchos podrían elegir vivir en Antofagasta, cuidad en notable crecimiento y desarrollo, u otro lugar con mucho más atractivo desde el punto de vista del beneficio personal. Debemos tener presente que la gente se mueve hacia las fuentes de trabajo, y no viceversa.

Por ello es importante saber si las autoridades —a quienes les corresponde la toma de decisiones de esta importancia— consideraron estos antecedentes y si se hicieron los cuestionamientos. De lo contrario estos programas, incentivos de asistencia y subsidios habitacionales, no lograrán generar crecimiento ni progreso. Ignorar estas premisas es ir contra las tendencias que mueven al desarrollo y mantener pueblos, comunas o ciudades agonizando bajo el efecto de la pobreza material. Ya nos ha tocado ver en los últimos 15 años ciudades “engalanadas” con banderas negras por su crítica situación económica. Por ello pienso que, si bien es cierto, un terremoto es algo dramático, también puede ser considerado una oportunidad.

5 comentario(s)

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  1. dic 19, 2007 12:46 mario bruna said:

    pareciera tentadora la posibilidad de intervenir en un espacio urbano tan llevado a menos desde el punto de vista económico, convertir a Tocopilla en una especie de conejillo de indias sobre el cual pueda elaborarse un plan urbano de primer nivel, seria un sueño. sin embargo creo que la mejor opción es plantaer derechamente el fin de la ciudad y redistribuir a la población. estoy muy de acuerdo con la idea de que las ciudades no se sutentarán sin un potencial económico apropiado, que solo se lo daria a Tocopilla la salida al mar de Bolivia. por tanto, aunque parezca poco humano… una reconversión total de su fuente económica o el fin de la ciudad es la solución….lo otro es mantener artificialemnte en agonía a la ciudad.

  2. dic 26, 2007 12:40 hugo rocha said:

    Estimado señor, en esa cabeza tan cuadrada de arquitecta no podrá pensar en algo mejor, no podrá pensar en alguna solución alternativa y aprovechar ahora para levantar a esa ciudad, por que de otra manera lo que ud promueve es seguir llenando las capitales regionales con gente pues no solo Tocopìlla tiene eses problema sino no que un sinnúmero de pequeños pueblos y ciudades de este pais, además para estas regiones tan inóspitas es necesario ciudades en medio de los caminos y carreteras.

    Atte,.

    Un tocopillano más.

  3. dic 26, 2007 19:06 Felipe Cádiz said:

    Estimado Hugo, no soy tocopillano pero creo entender su preocupación. En mi artículo lo que se busca es proponer la libertad de elegir. En este caso si el tocopillano quiere quedarse se le dan los subsidios, pero si nó, y eso ha pasado antes, se van en busca de mejores horizontes. Es deber del Estado buscar con los millonarios aportes económicos una solución real a la ciudad, es decir hacerlos rentables. Si no existe esa posibilidad, desgraciadamente hay que asumir la realidad. Una cosa es la teoría y otra la práctica.

  4. abr 14, 2008 15:51 Gabriela said:

    Según lo que tengo entendido, Tocopilla distribuye la energía eléctrica para gran parte del norte grande. ¿Será eso una ACTIVIDAD ECONÓMICA?…es cierto que poco a poco se ha transformado en una especie de ciudad dormitorio, de cada vez más baja calidad, pero… LA CIUDAD ESTÁ AHÍ, existe y creo que es imposible hace vista gorda y pretender borrarla porque económicamente es inviable.
    El terremoto se presenta como OPORTUNIDAD…una opotunidad para ser arquitectos DE VERDAD, aportando con todos nuestros conocimientos y experiencias a la mejora de una ciudad…
    Asumir la realidad tal vez sería plantear nuevas estrategias, CREAR posibilidades de desarrollo económico, con un poquito de imaginación se puede lograr mucho. Puede sonar muy idealista, pero creo que un arquitecto es teoría y práctica…y son dos cosas que hacen UNA: un profesional, si no es así…no sé que hago estudiando esto!
    Interesantes planteamientos.

    Saludos

  5. feb 15, 2009 21:28 alejandro said:

    la verdad es que como arquitecto me veo en la obligacion de pensar en el nacimiento, en este caso el nacimiento de un poblado que a pesar de las condiciones de deterioro, provocado por el factor economico-natural, no es una razon potencial para hacerlo ,desaparecer. Que haria el arquitecto si alguien quisiera hacer desaparecer su obra? hay que pensar, y pensar en conservar lo que otros han hecho , pensar en la identidad y en las huellas que dejamos y que es tan importante, por que no somos eternos y esta es una forma de dar una base de datos a nuestros sucesores, a las nuevas generaciones…

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